sábado

ALBERGUES DE LA NADA

En el ayer del tiempo
siempre quedó un hoy,
albergue de un mañana en precipicio; memoria sin falta de
olvido desordenado.

Resultó  ser fácil mirar al espejo, sentir el vacío,
vivir lo vivido,
quebrar el sentido.

Hoy de las fisuras del cielo escapan voces formando gritos.
¿Qué dirán de mi aquellos
que jamás me conocieron?
Aquellos que sólo imaginaron
mi cara al trasluz de unas letras opacas.
En el fondo del alma de
una estrella incompleta se observa:
Y rie y tiembla y llora
y me llama sin nombre,
mientras en silencio
evoco tu nombre rogando
que no acudas.

No soy yo tu nombre ni el hombre, ni  poeta.
Del paréntesis de esa agonía,
huérfana de olvidos.

Cavilando.

@Igna