miércoles

CÁLIZ DE MUJER

Bajo la noche ardiente abrías tu cáliz
nítida a mis ojos tus labios,
no sabías nombrar mi nombre
tal vez desconocías mis destellos,
fuimos poniendo gota sobre gota
de sudor en nuestros cuerpos.

Se hundían tus vértebras entre gemidos
la carne que me llama, viva de hembra,
todopoderosa entre orgasmos vivos
hacía la noche blanca de sentidos.

De arpa fueron tus pechos
peregrinos de mis deseos,
el mástil hundido en lo profundo
de tu barca, como volcán ardió.

El latido empuja...
ha pasado tanto tiempo...
y aún no conoces mi nombre,
ni al hombre en sí que permanece.

Y no me importa.

Cavilando
© Igna

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