viernes

SUAVE LUNA DE MI NOCHE


La suave luna que a mi noche llega
vestida de señora y santa compañera
da calor a mi aliento, sangre a mis venas
altera el rumbo de mis pensamientos,
recorre palmo a palmo mi torso erguido
hace que me doble, me doblegue ante ella,
le bese los cálidos labios
del sur de sus caderas
se los abra,
separe el vello,
mire su carne rosada,
con atrevimiento penetre,
donde la sal se esconde en su cuerpo,
la sal se vuelve dulzura, bosque abierto
donde deposito mis semillas,
no sin antes empujar la espalda,
tantas veces como se haga necesario,
hasta escuchar un gemido que sin decir nada,
otorgue a mi ser, el saberse amada y satisfecha.
La suave luna que a mi noche llega,
viene cargada de amor, de pasión y sin vergüenzas,
nuestros cuerpos conocen el brillo de la noche
cuando latente la mañana se presente:
Queden en las sábanas nuestro sudor grabado
de por vida, hasta que el ocaso de nuestros recuerdos
se marchiten, o aparezcan lunas nuevas.
Siempre con olor a ella, mis labios no conocen
otro sabor que no sea el del sur de sus caderas.

Cavilando.

©Igna



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