domingo

A ORILLAS DE LA MADRUGADA

Con el retorno infinito al presente,
tantas intimidades,
se desprendieron de nuestros cuerpos,
tantos, no sé cómo pude desprenderme del silencio,
tantos huecos sueltos, puntos suspensivos,
reminiscente, puede ser que hoy al pensarte,
se altere mi columna, y no me resista, ni te resistas,
a buscar la nata nívea de mi cuerpo,
se cierran las distancias, el amor no debe ser
la excusa, el lobo piadoso, la droga sutil,
con que encubrir la palabra deseo.

Debe ser el tiempo, la noche fulminante,
la vida, el amar, la sonrisa cómplice compartida,
es preciso atar el tiempo que nos cubre,
envueltos juntos en el mismo aire, en los mismos
labios, en los mismos pliegues, que no quedan,
plegados cuando te tengo, y la nata que buscas
la encuentras en el rostro que te espera,
en tus ojos, en lo más profundo de tu coño,
o en el fuego de tus senos, lujuriosos,
las heridas se cierran, con hilos que cortan
los silencios, todas las conversaciones,
quedan agolpadas sobre el cuerpo.

Sentados sobre la ternura, quedamos los dos,
abrazándonos, como nos abraza la noche,
la orilla de la madrugada está al llegar,
y siento tu corazón, latiendo al compás
de mis suspiros, cuando me dejas vacio
y el músculo que te nombra, reposa flácido,
sobre tu cuerpo, tanta felicidad, no es capaz
de eliminar nuestros desvelos, cómplices…

Cavilando.

© Igna


También sueño de día.
IGNACIO DE DIA