viernes

LUJURIA

Retorció los pliegues de mi carne
un grito sordo, en mi garganta,
descubrí que me había poseído,
hasta el fondo, rompió mi estrechez
mi intimidad, al final el amor,

ese tan temido, y esperado,

ni un solo poro
de vacío ha dejado de llenar.

La lujuria se hizo presa,
dejé follarme, intensamente
y los pliegues de mi carne
se volvieron tensos y alisados,
descubrimos un nuevo sentimiento
que parecía no haber existido,

entre mis nalgas,
y desde entonces
ha quedado
un volcán en erupción,
que cuando despierta,
hace que conozca
la lujuria

en su estado más primitivo.

El sudor quedó en las sábanas
como único testigo;
muerto.

más nunca fui a su entierro.

Y hoy no cavilo.


© Igna

Mira la otra cara
Ignacio Diurno