sábado

MISIVA 1ª

Anhelo el arropo de la luna:
Quizás o con certeza segura, este mensaje se encuentra obsoleto por caduco dos siglos. Entonces, por allá los albores de 1800 cuando una dama copaba la atención del corazón de un hombre, sin apenas conocerla, se enviaban misivas anónimas como esta historia que me inspiráis vos, y como agradecimiento a la madre naturaleza glorificada en vuestra sonrisa primaveral os transcribo:

Dicen de los trovadores de la historia de un caballero llamado Anquilas, dotado de la belleza griega, hombre de bien con sus amigos, donde no se contaba ninguna dama, pues se rumoreaba que padecía de misógino. Su odio era tal que cuando un compañero de copa, flamenco, cartas o simple borrachera se enamoraba, le llamaban débil, y lo sometía a un reto mortal. Con el tiempo los aldeanos cogieron miedo de ese hombre cayendo en desgracia, pues no encontraba consuelo entre hombres y mujeres.

Sólo, buscó la solución a sus desdichas en el fondo de una tinaja de vino. Vilipendiado por todos, entonces ya temerosos de su espada, mujeres sin cuento al respecto y vino en veneno por las venas, retó a gritos a cupido. Lo llamó mujer camuflada de hombre, dicharachero, porfío y desdeñoso con el hombre. Culpo le de su mal y desencuentro con la humanidad. Llegó a tal su demencia transitoria que mal nombró el amor llamándole frágil dolor, veneno de mujer. Cupido, ser paciente, alegre y poderoso no se dio por aludido. Tenía otros menesteres. Sin embargo la Diosa griega Afrodita le instó a ayudar a ese pobre diablo. Aunque fuese por el bien de los que debían soportarle. Así con esta instancia divina, de dios a servil encargado de tan honorable encargo, insuflar alegría en los corazones, Cupido se rindió a los deseos de la Diosa y torció el torso con el arco tenso…. Disparando a Anquilas. La flecha no erró. Que mejor manera para entender a las mujeres que enamorarse de un hombre. Así es como los trovadores finalizaban esta ofensa a Cupido, explicando como un caballero odiaba a sus semejantes que no por gusto tenían la labor de enamorarse de los hombres.

Así acabó sus días Anquilas, añorando el amor de un hombre, al cual nunca se le presentó por bello que este era. Así es como Anquilas acabó respetando a las mujeres.
Entendiendo el amor desde el otro lado…. El de la mujer.

Y así se despide un servil enamorado del amor.

¿Cavilamos?

®