martes

DIGAME

Dígame que le contesto.
¿Donde hallar el hombre?
Que culmine todos los deseos
que transitan por su mente.
Que te inunde, que te queme,
que se marche para siempre...
Y no pidas que vuelva,
una misión casi imposible,
porque tal vez esté gozando
lésbico de por sí,
con su lengua en una orgía
de placer y paladar
de senos tersos, y sin pliegues
amamantándose de ellos,
con pezones como cúspides,
y su abrigo será el calor,
que le ofrezcan otros cuerpos.


No hay Dios que pararle pueda,
pues su Dios son sus caderas
y el flujo que emite,
desde el fondo del músculo
que toda mujer ansía.

En lo más profundo de su cuerpo.

Cavilando.

© Igna