lunes

ROSTRO NOCTURNO


Tibio el rostro de la noche
tenía nombre de mujer,
de diferentes texturas,
de estrellas de colores
de besos encarcelados.


Abertura de una emoción
nueva y atrayente,
un jardín brillante,
un cuerpo desconocido
y unas ganas de amar
como felinos.

Una pareja desconocida
con ganas de amar
y ser amados,
tibio el rostro de la noche
cuerpos mojados, en su interior
más que en el exterior,
que hacía frío.

Y supieron amarse
como si de la primera vez
se tratara, olvidando
otros cuerpos,
y otras noches ya pasadas.

Su erotismo me llega
a componer un poema,
mientras se besan
escribo y recuerdo:

Los últimos pezones
en los labios míos,
y el rostro de la noche
cuando nos amábamos.

Sin contemplaciones.

Cavilando

© Igna